Recuerdo aquella mañana como si hubiese sido hoy. Era un domingo, y lo que más deseaba era estar en mi cama calentita, pero aquella linda mujer llamada madre me despertó; tocaba familia. Me desperté lentamente, como un día más, lo que no sabía esque no iba a hacer un día más.
Me preparé, salimos de casa, subimos al coche y fuimos rumbo a aquel lugar. Era un lugar pequeño, desconodico, una pequeña huertita con una plaza central, era el lugar donde vivía aquella mujer que me contaba sus historias de amor cuando era joven, mi abuela. Como de costumbre, me tocó sacar a aquel animalillo inofensivo, al perrito de mi querida abuela.Me fui a la plaza, como hacía siempre, me senté en un banco con mis cascos y mi música, y solté al perro, para que andara a sus anchas.De repente, ¡plof!, un gotón calló sobre mi, y miré hacia el cielo. Poco a poco se iba cubriendo todo de gris, y gotones caían como la fuerza del viento. Pancho el famoso perro, se ocultó debajo de un hueco en un muro de piedra, donde solo cabía el, y yo desesperada buscaba un lugar donde refugiarme. Pero de repente me quedé sin vista.Alguien me había tapado los ojos, y aterrorizada comenzé a gritar auxilio.
Pese a que mis gritos fueron lo más fuerte posible, y los ladridos del perro también, parece ser que nadie nos escuchó.Entonces, me dijo al oído:
-Soy yo-, y se me congeló la sangre.
Reconocí aquella voz como si mia se tratara, no me podría creer que fuera él.Me quitó la mano de los ojos y me miró fijamente
.-Soy yo-, repitió.-Lo sé, ¿qué haces aquí?- le pregunté
.-Quererte, ¿acaso no lo ves?- me dijo.
Sin saber que decir, bajé la cabeza. Su mano rozó mi barbilla y subió mi cabeza hasta su altura. Evité la mirada, pero él me la buscaba. Hasta que me la encontró. Clavo sus ojos en mi, y yo no tuve más remedio que clavar los míos en él.Seguía lloviendo, pero eso no nos importaba.
-¿Qué piensas hacer?- le pregunté
.-¿Me dejas?
-¿El qué?
-¿Te gustaría que alguien te besara bajo la lluvia?
-Siempre lo he deseado- dije con el corazón a mil por hora.
-Acércate.
-No, acércate tú.
No se lo pensó, se acercó y me besó. Aquel beso fue más que perfecto. La lluvia caía, caía y no paraba de caer. Nuestra ropa y nuestros cabellos estaban totalmente mojados. Pero aquello pasó desapercibido. Sentí como cada poro de mi piel ardía, mi corazón latía con más intensidad.No me quería separar de sus labios, y parecía que él tampoco de los míos.Me agarró por la cintura, y yo lo agarré por el cuello.Abrimos los ojos durante el beso, los dos compenetrados, a la misma vez y aquella mirada me enamoró. Me miraba intensamente, mientras sus labios rozaban los míos.Acabó el beso. Nos miramos, sonreímos y nos abrazamos.
-Gracias por hacerme tan feliz - fueron mis palabras.
Él no tuvo palabras para responderme, solo se acercó me dio un abrazo y me dijo:
-Teamo, nunca lo olvides.
Esta historia tuvo un comienzo, y aunque nuestras vidas se separaran siempre quedaran los recuerdos.

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